El Amor Incondicional de Dios


Entendiendo el pensamiento de Dios en medio de la adversidad

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16

“En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.” Juan 1:10-13

La manifestación del pensamiento de Dios se encuentra, principalmente, en Su Palabra. Cuando queremos entenderlo, necesitamos escudriñar Las Escrituras. En estos tiempos cuando podemos ver múltiples tragedias y dificultades a través del mundo, en nuestro propio vecindario, y en nuestras propias vidas, sentimos la necesidad de aferrarnos a una fuerza mayor que nosotros mismos. Cuando vienen los pensamientos de inseguridad e impotencia frente a la adversidad, necesitamos tener un punto de referencia que nos permita sentirnos seguros, protegidos y con sentido de dirección. Les sugiero que veamos los textos de referencia; ambos declaran una importante verdad de la voluntad del Padre. Dios nos ha dado a Su Hijo como muestra de su amor incondicional, Él no depende de la voluntad del hombre para creer en su nombre sino que nos concede la fe (como un regalo) para creer y por nuestra acción de creer nos da el derecho de ser llamados hijos. Entendamos que en este concepto de aceptación que estos pasajes presentan, Dios muestra su misericordia y soberanía de concedernos lo más preciado por amor y no a cambio de algo que nosotros podamos contribuir. Lo único que se espera de nosotros es fe (certeza y convicción) en sus promesas. Por esto, como hijos de Dios, es necesario vivir conforme a esta fe, teniendo certeza de que independientemente de las circunstancias naturales en el ámbito espiritual Él ha alineado todas las cosas para nuestro beneficio y disfrute en el tiempo que está determinado.
Mientras estamos experimentando dificultades en nuestra vida, por nuestra naturaleza humana tenemos la tendencia de concentrarnos en lo negativo de la situación y desarrollamos sentimientos negativos hacia las personas que identificamos como causantes de estas circunstancias o hacia nosotros mismos. Estos sentimientos se convierten en pensamientos de culpabilidad o de manipulación, y lo que es peor no permiten que la esperanza que está basada en nuestra fe pueda manifestarse. Por otro lado, las consecuencias de estos pensamientos en nuestras relaciones son dañinos y a menudo tienen consecuencias a largo plazo.

Sin embargo como hijos de Dios tenemos una naturaleza espiritual que se fortalece en el conocimiento de Dios y Su Palabra. Cuando permitimos que esta naturaleza se alimente con La Palabra de Dios, nuestros sentimientos y pensamientos comienzan a ser transformados. Dios nos ha prometido en Su Palabra que Él nos ha de guardar en medio de la adversidad, que no importando la aflicción, angustia o persecución somos más que vencedores en Él. Nuestra fe debiera ser que independientemente de las circunstancias y de las cosas que podemos ver, Dios tiene algo mejor para nosotros. Para vivir con esta certeza y convicción necesitamos aumentar nuestra fe profundizando en el conocimiento de Su Palabra. Existen muchos pasajes bíblicos que nos ayudan a aumentar nuestra fe en medio de la adversidad, uno de los más conocidos y que mejor describe el pensamiento de Dios en cuanto a su protección es Romanos 8:31-39. Dentro de este pasaje el Apóstol Pablo menciona una verdad muy importante que nos debe llenar de seguridad y esperanza; “El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con El todas las cosas?”.

Cuando tomamos en consideración la verdad de Dios, llegamos a concluir que de la manera como Dios, por su amor incondicional, nos ha dado a su Hijo así mismo está con nosotros en medio de la adversidad guardándonos y guiándonos hacia el tiempo y el lugar donde hemos de alcanzar la promesa de mejores condiciones y mejores circunstancias. Ese amor incondicional tiene el poder de cambiar nuestros sentimientos y pensamientos para que aún durante la aflicción y las dificultades podamos darle la gloria a Él y disfrutar de sus grandezas en las cosas simples que nos rodean mientras esperamos en fe la manifestación de sus promesas.

Le exhorto a que vuelva a repasar los pasajes mencionados aquí y meditar en el significado de ellos para su vida en estos momentos y en el futuro.

, , ,

Los Comentarios están cerrados